El iipe en mis recuerdos
Avanza la primera semana del resto de nuestras vidas. La primera después de que nos despedimos al término del octavo curso regional. Estoy llena de planes y me organizo para hacer todo lo que quiero y así lograr quedarme en mi Buenos Aires querido.
Al mismo tiempo recuerdo todo lo vivido como si estuviera aquí. Todas las horas en el “ipi” aparecen ante mí con sólo cerrar mis ojos. De nuevo estoy ahí y observo todo. Casi puedo escuchar el suave deslizar de la pluma fuente de Quique sobre su cuaderno, que sólo se interrumpe cuando decidido pregunta, o hace una síntesis de lo expuesto para asegurar que todo fue comprendido. A mi derecha Eduardo medita sobre lo que se dice y elige el momento oportuno para intervenir, con precisión de cirujano. Veo el rostro de Sonnia y con eso es suficiente para saber con exactitud lo que está pasando, quién acaba de intervenir y qué dijo. Blanquita aterriza cualquier reflexión volada en el concretísimo contexto de su Bogotá y nos regresa a todos a la realidad que tenemos la responsabilidad de atender. Paola mientras tanto ceba el mate y así nos hace sentir en familia, en comunidad. Estos fueron mis vecinos más cercanos y podía sentir con claridad el ánimo con el que llegaban cada mañana.
Luego viene el resto del grupo, mi percepción de ellos es un poco más desordenada, pero igual están ahí, tan presentes. Celia toma todo muy en serio, atiende y reflexiona sobre la realidad de su país, de su estado, de su región. Su postura siempre es clara y congruente. Del otro lado de la mesa, Alicia, la teoría sin ejemplos no sirve, y nos cuenta uno y otro de la realidad que ha vivido como docente y directora. Claudio calla y observa, siempre escucha con mirada atenta cuando habla un compañero. De pronto toma la palabra y nunca es en vano. Marcela no deja pasar una ambiguedad, entre sorbo y sorbo de mate pide siempre que se aclare lo que se quiere decir. Se arriesga por todos, que en silencio agradecemos. Cecilia escucha con seriedad y se pregunta como hacer frente a los tremendos retos que tenemos enfrente.
Más para acá, cerca de Paola, Edson defiende su punto de vista. ¡Cuántas veces lo escuchamos decir que nadie hablaba de Bolivia! Al final sus plegarias fueron escuchadas. Jesko y el hombre del sindicato mexicano (Edgar) trajeron el tema a la mesa. Eulina, chiquita pero picosa, defiende sus argumentos con pasión. ¡Qué triste que yo no le entienda más de la mitad! Igual me entero de algo, y aprendo sobre el financiamiento de la educación brasileña. Ricardiño se transforma, pasa del simpático compañero de atuendos coloridos al político que Santa Catarina esperaba. Todo sucede ante nuestros ojos y nos vamos acostumbrando poco a poco. También lo observa Bernardete ¿qué pensará? ¿qué vendría a buscar hasta Buenos Aires? ¿Lo encontraría? De muy poco nos permitió enterarnos.
En la otra esquina alguien parecía dormitar, pero de pronto interviene, da su opinión con voz sonora. Juan Alejandro nos sorprende con sus consejos a un hipotético Pedro y sus referencias a la educación cubana. Cerca de ahí, hay otro Pedro que no es hipotético, que mira todo y parece observar con tal profundidad, que en vez de 26 años podría tener 80 o 120. Mi otro coterráneo, Renato, responde con agudeza a cualquier intento de darnos “atole con el dedo” o “gato por liebre”. Le da la vuelta a acuerdos aparentes para hacernos ver otra cara de la realidad.
Muy cerca Silvia reflexiona, todo le resulta nuevo, pero se esfuerza por encontrarle la cuadratura al círculo y confía en que Dios no nos abandona. Frente a ella, en la otra mesa, Mónica se esmera, no pierde detalle y se asegura de cumplir bien las consignas. A su lado Maria Inés parece siempre tan relajada, pero si se trabaja en equipo se asegura que las metas se cumplan y aporta su experiencia. Alcides prepara el tereré y lo hace circular. Incorpora nuevos sabores y aromas que comparte a su alrededor.
Vuelvo mi mirada a la mesa de la puerta. Miguel Angel calladito pero atento, siempre cordial. Bernardete que me reclama que nunca me entiende al hablar. Ella hace esfuerzos a su vez por ser comprendida, a veces lo logra. Malú habla poco, pero se hace presente. Cada vez que se mueve y cuando comenta algo parece que baila y nos contagia del ritmo de su querido Brasil. Gonzalo incorpora la perspectiva del economista. A veces nos hace descubrir el matiz oculto de la verdad, otras veces nos preguntamos ¿ehhh? Pero al final siempre apreciamos su originalidad.
En fin, ante tanta diversidad me pregunto ¿qué tendremos en común? ¿qué habremos aprendido unos de otros? El tiempo lo dirá. Yo quisiera pensar que hoy, tras tres meses de compartir la vida, soy un poquito más sabia, más valiente, más perceptiva, más tolerante, etc. Es decir, que al menos algo de las virtudes de todos ustedes se me haya pegado, como por contagio. Ojalá, ¿no?
Al mismo tiempo recuerdo todo lo vivido como si estuviera aquí. Todas las horas en el “ipi” aparecen ante mí con sólo cerrar mis ojos. De nuevo estoy ahí y observo todo. Casi puedo escuchar el suave deslizar de la pluma fuente de Quique sobre su cuaderno, que sólo se interrumpe cuando decidido pregunta, o hace una síntesis de lo expuesto para asegurar que todo fue comprendido. A mi derecha Eduardo medita sobre lo que se dice y elige el momento oportuno para intervenir, con precisión de cirujano. Veo el rostro de Sonnia y con eso es suficiente para saber con exactitud lo que está pasando, quién acaba de intervenir y qué dijo. Blanquita aterriza cualquier reflexión volada en el concretísimo contexto de su Bogotá y nos regresa a todos a la realidad que tenemos la responsabilidad de atender. Paola mientras tanto ceba el mate y así nos hace sentir en familia, en comunidad. Estos fueron mis vecinos más cercanos y podía sentir con claridad el ánimo con el que llegaban cada mañana.
Luego viene el resto del grupo, mi percepción de ellos es un poco más desordenada, pero igual están ahí, tan presentes. Celia toma todo muy en serio, atiende y reflexiona sobre la realidad de su país, de su estado, de su región. Su postura siempre es clara y congruente. Del otro lado de la mesa, Alicia, la teoría sin ejemplos no sirve, y nos cuenta uno y otro de la realidad que ha vivido como docente y directora. Claudio calla y observa, siempre escucha con mirada atenta cuando habla un compañero. De pronto toma la palabra y nunca es en vano. Marcela no deja pasar una ambiguedad, entre sorbo y sorbo de mate pide siempre que se aclare lo que se quiere decir. Se arriesga por todos, que en silencio agradecemos. Cecilia escucha con seriedad y se pregunta como hacer frente a los tremendos retos que tenemos enfrente.
Más para acá, cerca de Paola, Edson defiende su punto de vista. ¡Cuántas veces lo escuchamos decir que nadie hablaba de Bolivia! Al final sus plegarias fueron escuchadas. Jesko y el hombre del sindicato mexicano (Edgar) trajeron el tema a la mesa. Eulina, chiquita pero picosa, defiende sus argumentos con pasión. ¡Qué triste que yo no le entienda más de la mitad! Igual me entero de algo, y aprendo sobre el financiamiento de la educación brasileña. Ricardiño se transforma, pasa del simpático compañero de atuendos coloridos al político que Santa Catarina esperaba. Todo sucede ante nuestros ojos y nos vamos acostumbrando poco a poco. También lo observa Bernardete ¿qué pensará? ¿qué vendría a buscar hasta Buenos Aires? ¿Lo encontraría? De muy poco nos permitió enterarnos.
En la otra esquina alguien parecía dormitar, pero de pronto interviene, da su opinión con voz sonora. Juan Alejandro nos sorprende con sus consejos a un hipotético Pedro y sus referencias a la educación cubana. Cerca de ahí, hay otro Pedro que no es hipotético, que mira todo y parece observar con tal profundidad, que en vez de 26 años podría tener 80 o 120. Mi otro coterráneo, Renato, responde con agudeza a cualquier intento de darnos “atole con el dedo” o “gato por liebre”. Le da la vuelta a acuerdos aparentes para hacernos ver otra cara de la realidad.
Muy cerca Silvia reflexiona, todo le resulta nuevo, pero se esfuerza por encontrarle la cuadratura al círculo y confía en que Dios no nos abandona. Frente a ella, en la otra mesa, Mónica se esmera, no pierde detalle y se asegura de cumplir bien las consignas. A su lado Maria Inés parece siempre tan relajada, pero si se trabaja en equipo se asegura que las metas se cumplan y aporta su experiencia. Alcides prepara el tereré y lo hace circular. Incorpora nuevos sabores y aromas que comparte a su alrededor.
Vuelvo mi mirada a la mesa de la puerta. Miguel Angel calladito pero atento, siempre cordial. Bernardete que me reclama que nunca me entiende al hablar. Ella hace esfuerzos a su vez por ser comprendida, a veces lo logra. Malú habla poco, pero se hace presente. Cada vez que se mueve y cuando comenta algo parece que baila y nos contagia del ritmo de su querido Brasil. Gonzalo incorpora la perspectiva del economista. A veces nos hace descubrir el matiz oculto de la verdad, otras veces nos preguntamos ¿ehhh? Pero al final siempre apreciamos su originalidad.
En fin, ante tanta diversidad me pregunto ¿qué tendremos en común? ¿qué habremos aprendido unos de otros? El tiempo lo dirá. Yo quisiera pensar que hoy, tras tres meses de compartir la vida, soy un poquito más sabia, más valiente, más perceptiva, más tolerante, etc. Es decir, que al menos algo de las virtudes de todos ustedes se me haya pegado, como por contagio. Ojalá, ¿no?


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